Que los libros enseñan y moldean las cabecitas de los niños es un hecho. Las historias que les leemos y aquellas que luego, cuando aprenden, son capaces de leer por sí mismos muestran mundos, realidades e ideas que se gravan en sus cerebros. Durante la infancia aprendemos de nuestros padres, familia y escuela, pero también de los libros, cuyo contenido adquiere valor real. Es educación a partir de historias cuyas ideas ayudarán a desarrollar la personalidad y las emociones de los más pequeños. También son el germen a partir del cual aprenderán a valorarse a sí mismos, su situación en la sociedad y la situación de otras personas.
Por eso es tan importante que elijas bien los cuentos que les vas a leer, porque querrás que les enseñen valores adecuados y que no les digan qué pueden o no pueden ser. En este sentido, la enseñanza de los valores de igualdad puede y debe apoyarse en la fuerza de los libros. Entre los beneficios de la lectura está el enseñar que otra realidad es posible y deseable.
La desigualdad en los cuentos clásicos
Por muy entretenidos que sean, en los cuentos clásicos hay muchos malos ejemplos. Respecto al sexismo, existen muchos estudios que confirman patrones que seguramente reconoces: la niña solo sirve para ser princesa y debe quedarse en casa, ser tímida, callada y responsable. Debe ser dulce, paciente, vestir bien y ser guapa. El chico, en cambio, es un aventurero resolutivo, ingenioso, valiente y duro. También es un trasto, muchas veces es travieso, pícaro y despreocupado. Él está para salvar y resolver grandes problemas. Ella está para ser salvada y arreglar los desperfectos.
Encontrarás cientos de cuentos que siguen este patrón sexista de manera total o parcial. Estas ideas crean un trasfondo que los niños asimilan y hacen suyo, ante el que debemos decir rotundamente no. La educación en igualdad empieza desde la cuna y debemos asegurarnos de que los niños reciben los estímulos y los valores adecuados.
Ni a ellas ni a ellos se les debe decir cómo deben comportarse para ser «correctos» como mujeres u hombres. Las chicas pueden ser aventureras y atrevidas, los chicos pueden ser introspectivos y tímidos y viceversa. Si el niño es aventurero y la niña dulce y delicada, perfecto, pero que no sea porque se sientan obligados a sentirse así. Todos deben poder sentir que ser diferentes no tiene por qué ser una agresión a su autoestima.
¡Apostemos por la igualdad!
Afortunadamente, hay muchos cuentos en los que encontraremos historias divertidas y entretenidas donde la identidad de género no implica obligaciones sociales ni juicio personal: la niña puede salir de casa y no ser guapa, ¡y no pasa nada! Son cuentos que muestran que la alternativa no solo es posible, sino también necesaria.
El camino hacia una sociedad igualitaria y más justa no ha hecho más que empezar. Para conseguirla y no repetir errores pasados, los niños deben asimilar y normalizar la igualdad de todos y el respeto por las diferencias personales. Así se convertirán en adultos con valores, empáticos y emocionalmente sanos. ¡Arriba los cuentos que cambian el mundo!