Contar historias forma parte de nuestro genoma cultural, es una «tradición» irremediable porque somos animales sociales y nos gusta narrar e inventar. Y desde que existen los libros infantiles, los cuentos, leérselos a los niños forma parte de la crianza. Solemos leer los cuentos como una manera de entretener o incluso facilitar el sueño. Los niños se divierten y maravillan con las historias. Pero, detrás de esa función, hay otra todavía más importante: el desarrollo emocional de unas mentes que están en crecimiento y que absorben como esponjas todo lo que ven.
La lectura de cuentos y la inteligencia emocional
Los cuentos narran peripecias de todo tipo y sus protagonistas muestran emociones, respuestas y comportamientos muy diversos. Imagina que un niño solo pudiera tener un cuento durante toda su infancia. ¿Le darías un relato trágico, violento y que muestre comportamientos inapropiados? No, ¿verdad? Seguramente, porque sabes que le daría mal ejemplo de alguna manera. Es decir, asumimos que la lectura es un factor relevante en la educación infantil. Por eso es tan importante apostar por relatos que muestren valores positivos con los que el niño pueda identificarse y crecer con una mejor salud emocional.
La inteligencia emocional nos permite entender y manejar nuestras emociones, así como conocer nuestra posición en la familia, la comunidad y el mundo. Esto facilita las relaciones con los demás, la aceptación personal, el control del estrés y la capacidad de gestionar los retos, conseguir objetivos y superar los obstáculos.
Estarás de acuerdo en que son habilidades muy importantes en la vida adulta. Sin embargo, esta inteligencia se desarrolla principalmente en la infancia, donde nuestro cerebro está en formación y captando todo tipo de señales. Ayudar a nuestros hijos a desarrollar una sólida inteligencia emocional hará de ellos personas más felices y capaces. La lectura de cuentos es una de las herramientas más eficaces.
Los beneficios de los cuentos
La literatura infantil nos permite apostar por historias con sustrato o «alimento» para la inteligencia emocional. Los cuentos nos permiten transmitir valores por medio de historias en las que los personajes se encuentran con ciertos temas u obstáculos que les hacen crecer y mejorar.
Son relatos que muestran aspectos típicos como el autoconocimiento, el autocontrol, la motivación y la empatía. Las emociones se pueden reconocer, describir y expresar. No deben ocultarse ni reprimirse, ni dejar que tomen el control de nuestras vidas. Con historias divertidas y educativas, los niños puede aprender del ejemplo de personajes que pasan por esos mismos retos.
Pero leer cuentos a los niños también favorece el desarrollo de otras habilidades o emociones. El vínculo emocional con los padres es, sin duda, el más importante. Sentirse queridos, cuidados y que se tiene algo que compartir con los papás es algo que no tiene precio para la salud emocional de los niños. Además, con la lectura, fomentamos la creatividad y la imaginación, la memoria, el pensamiento racional y, por supuesto, el conocimiento del mundo que nos rodea a todos.
En definitiva, cada ratito dedicado a los cuentos es un tiempo invertido en educación de calidad y en cariño.
¿Cuál le leerás esta noche?